Bernardina Chavarría de Viamonte

 

Bernardina Ramona Chavarría y Suárez había nacido en Montevideo el 20 de mayo de 1785, hija legítima de Bernardo Ramón Chavarría, natural de Buenos Aires y de Lisarda Suárez, nacida en la Colonia del Sacramento el 7 de enero de 1760 (Lº. 2º de los libros parroquiales de la Colonia portuguesa, conservados en la Curia de Río de Janeiro, fº 109.) Bernardina Chavarría de ViamonteContrajo matrimonio el 20 de mayo de 1800 con Juan José Viamonte.

Una de las patricias argentinas, su nombre aparece junto al de su marido en las listas publicadas en 1810 por la Gaceta de Buenos Aires, entre los donantes para la equitación del ejército que debía auxiliar al Alto Perú, con la suma de 50 pesos fuertes, siendo de 100 pesos fuertes el donativo de su marido.
La señora de Viamonte fue elegida, debido a sus especiales condiciones, por Bernardino Rivadavia, para integrar el grupo de damas fundadoras de la Sociedad de Beneficencia en 1823, llegando a ser su presidenta.

“Correspondió a la esposa del gobernador, misia Bernardina, sentir los inconvenientes de haber confiado la escuela de las Catalinas a Marcelina Gómez que era una unitaria con preeminencias personales y propensa a las discusiones”.
“La escuela de las Catalinas recién empezó a cumplir sus anhelos bajo la inspección inmediata de doña Bernardina, con morada vecina, que le permitía dejar a diario un sello propio en sus detalles más insignificantes. Las alumnas la respetaban y la querían y en las fiestas inocentes de final de curso les prendía los premios acortando con besos la distancia social. El 30 de marzo de 1827, al renunciar Juliana Gómez la dirección de esa escuela, propuso para reemplazarla a sus hermanas Hilaria y Marcelina, como si se tratara de una herencia transmisible a voluntad, y la institución a falta de mayor campo para escoger, designó a la segunda, regalona en fiestas prolongadas, mujer comodona, incapaz de soportar ruidos y mucho menos, los estallidos alegres de la inocencia en fiesta.
Para ella la escuela sólo existía en las horas reglamentarias. Hacía esperar en la calle a las alumnas y las obligaba a retirarse con la última campanada de las monjas vecinas.”
“Consolidada en la dirección, sabía defender sus fueros y aseguraba su tranquilidad con penitencias durísimas.
Una tarde misia Bernardina sorprendió a varias niñas en un solo pie. Y comprobó que así permanecían desde horas.
Su primera reconvención no suprimió el bálsamo correctivo. Dª. Marcelina no renunció a tener otras niñas de cabeza, y ante las observaciones de la inspectora, se exasperó frente a frente, obligándola a llevar el pleito a la presidenta, y ésta al Consejo, en cuyo seno quedó trabado un conflicto.
Bernardina Chavarría de ViamonteÉpoca de efervescencias partidistas, mientras las unitarias rechazaban los cargos, la Sra. de Viamonte buscaba resolver la incidencia sin intervención de su esposo, gobernador y guerrero con jornada demasiado valiosa desde sus 12 años, para inmiscuirse en escaramuzas entre exaltadas de la politiquería femenina.”
“Bernardina Chavarría se puso de acuerdo para eliminar a doña Marcelina, tan bien afirmada entre tanto que en la sesión del 30 de diciembre se discutió las razones para solicitar su cese por vías conciliatorias sin poner en conocimiento de la sociedad sus arbitrariedades e indocilidad para desconocer las órdenes de la inspectora y sus abusos de largo tiempo disimulados.”
“La Sra. de Mendeville [presidenta ya de la Sociedad] consagró el día entero a producir el minucioso informe presentado al ministro el 26: En esa nota elevó el asunto al hacer referencia a la misión de caridad reservada a las señoras, más grande y alta que las rencillas entre unitarias y federales y dignificó la actitud de prudencia y de silencio de la compañera y esposa del Gobernador, Bernardina Chavarría de Viamonte. En la carta… dice en un párrafo:
La presidenta no puede pasar en silencio una expresión de la petición de Dª. Marcelina, porque ella tiende a calumniar a una de sus socias: Dª. Marcelina indica que se le ha juzgado con injusta personalidad, y esta personalidad la atribuye a la Sra. de Viamont, que es la Inspectora de esta Escuela. La presidenta debe a la justicia el asegurar a V.E. que lejos de ejercer personalidades, la Sra. de Viamont se ha conducido con una moderación admirable en esta circunstancia…”
“En este tiempo el Sr. Gral. Viamont era Gobernador; la inspectora tenía toda facilidad de pedirle este acto de justicia; mas esta digna socia considerando que el ministerio de la Sociedad de Beneficencia es de paz y caridad – queriendo alejarse enteramente del espíritu destructor del partido, y evitar por otra parte, que se pudiera suponer que había obrado en este asunto bajo otros principios que los de justicia, se limitó a dar cuenta a la Sociedad de lo ocurrido…” (Alberto Meyer Arana, “Matronas y Maestras”, 1923)


Falleció en Buenos Aires el 18 de marzo de 1832 y sus restos están enterrados en la Recoleta, en el mismo mausoleo que los de su marido.