Asonada de Álzaga - 1809


“¿Larrea no fue uno de los corifeos del 1º de enero de 1809? ¿Vieytes no estuvo también complicado en esta célebre causa, o al menos no fue uno de los censores de nuestras operaciones aquel día? Sus fines en aquel día no fueron promover la causa que hoy sostenemos. Acuérdese usted, que mueran los patricios, fue la voz primera que resonó al declararse la conmoción.”

Saavedra a Viamonte, 20 de noviembre de 1811.



Una vez expulsados los ingleses de Buenos Aires, se temía por una tercera invasión que, en efecto, el Tte. General Wellesley, futuro duque de Wellington, preparaba en Cork contra el Río de la Plata compuesta por no menos de dieciocho mil hombres.

El virrey Liniers, que tenía buen concepto de Elío y según Vicente Fidel López “Le creía hombre fuerte y capaz de mantenerse en los más desesperados trances de la guerra”, le encomendó la gobernación de la plaza de Montevideo, que fue armada y fortificada en un estado respetable de defensa, en prevención de un nuevo ataque inglés. En palabras de Vicente Fidel López “Elío odiaba íntimamente a Liniers, y no pocas veces se permitía decir: “Este pisaverde se me ha puesto por delante”. Así fue que, elevado a la gobernación de la plaza de Montevideo, llevaba ya todo lo que se necesitaba para formar un partido subversivo contra el virrey, que venía, naturalmente, a aliarse con el que Álzaga encabezaba en Buenos Aires.”

D. Martín de Álzaga lideraba al grupo de comerciantes españoles europeos de Buenos Aires, socios de los comerciantes de idéntica condición de Montevideo, que usufructuaban el monopolio de Cádiz y el contrabando.

Como antecedentes diremos que el virrey Liniers, al producirse la invasión napoleónica de la península Ibérica “le había escrito a Bonaparte jactándose de su originaria nacionalidad y rindiéndole un culto contrario a sus deberes y a las leyes del reino” y “no podía cerrar los ojos sobre la imposibilidad de la anexión al régimen francés”; por otro lado tenía contactos con el Carlotismo, que buscaba la creación de un nuevo reino en América, instaurado en la cabeza de la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hija de Carlos IV; y pese a todo acataba la fidelidad que debía a Fernando VII. Como dice Vicente Fidel López: “Su posición personal era débil y ambigua a la vista de todos”.

En 1808 Elío había desconocido la autoridad del virrey e imitando el ejemplo de las juntas peninsulares, había erigido la suya en Montevideo aduciendo que la intención del virrey era anexionar el Río de la Plata a los dominios de Napoleón.

Álzaga y sus partidarios intentaron hacer esto mismo en Buenos Aires el 1º de enero de 1809, “deponiendo al virrey Liniers del mando y erigiendo su junta de gobierno compuesta de puros ellos”, como afirma Saavedra en sus memorias. Sigue recordando Saavedra en sus memorias: “A la hora de costumbre se reunió el Cabildo a celebrar nuevas elecciones. Se hicieron y una diputación de la misma corporación con el escribano, fue al Fuerte con el libro de acuerdos a exigir la confirmación de ellas… Al momento sonó la campana del Cabildo convocando al pueblo. Los tres cuerpos de gallegos, vizcaínos y catalanes, echaron tambores, tocando generala y formaron en batalla al frente de las casas capitulares… Dejando una respetable guarnición en mi cuartel, marché con la demás tropa a la fortaleza, entré por la puerta del Socorro y tomé los puntos convenientes para la seguridad de ella, que realmente estaba indefensa.”

Esta ocupación del Fuerte no fue del agrado de los complotados, entre los que se encontraba el obispo Mons. Lué, quien rápidamente intimó a una conciliación y a que los Patricios se retiraran del Fuerte, a lo que accedió Saavedra saliendo por la entrada principal y atravesando la plaza “…formado en columna y dadas las órdenes que creí conveniente para el caso de que se me hiciese fuego…”

Pese a lo convenido con el obispo, las tropas de gallegos, vizcaínos y catalanes mantuvieron sus posiciones en la plaza y el Cabildo continuaba con la intención de erigir una junta de gobierno y nuevamente intimaron al virrey a que cesara en su mando. Una vez más los patricios, acompañados de los arribeños, pardos y morenos y húsares entraron en la plaza “…a paso redoblado, desplegaron las columnas en batalla y colocaron las ocho piezas de artillería en los correspondientes lugares. Dejado encargado de toda ella al sargento mayor de mi cuerpo don Juan José Viamonte…”

Dice Alonso Piñeiro: “La parte activa de Viamonte consistió en ordenar un intento de carga contra los sublevados que, atemorizados tanto por la actitud enérgica de los Patricios como por la del mismo pueblo, debieron desistir de sus propósitos. Sin embargo, al tocarse estruendosamente las campanas por cuatro hombres… y formado el cuerpo patricio, “un soldado solicitó permiso a Viamont para tirotearlos, quien no concedió la venia para hacerlo”… La participación de Viamonte fue una de las más decisivas, debido a su cargo en la unidad patricia. No hay que olvidar que este cuerpo militar era uno de los principales objetivos de los conspiradores…”

Con la protección de los patricios en la plaza, comandados por Viamonte, Saavedra entró en el Fuerte, donde nuevamente el obispo Lué insistió en que el pueblo no deseaba que el virrey continuase en el mando, a lo que Saavedra contestó tomando del brazo a Liniers y diciendo: “Vamos, señor, preséntese V.E. al público, y oiga de su boca cuál es su voluntad; la noche se acerca y es conveniente quede esto disipado antes que sus sombras nos cubran.” Cuando la población, que había concurrido a la plaza, y las tropas vieron a Liniers del brazo de Saavedra, comenzaron a gritar “¡Viva don Santiago Liniers, no queremos, ni consentimos en que deje de mandar; viva y viva!”.

Los cuerpos armados que aún estaban en formación en la plaza rindieron las armas y quedaron disueltos. “Así terminó aquel memorable día: he dicho memorable, porque en efecto, en él las armas de los hijos de Buenos Aires, abatieron el orgullo y miras ambiciosas de los españoles, y adquirieron superioridad sobre ellos. En la noche de aquel día todo fue ya quietud y tranquilidad en la ciudad”, concluye Saavedra en sus memorias.

El día 5 de enero, Viamonte era premiado con el grado de Tte. Coronel.

Debido a la derrota de Bailén, Napoleón se pone personalmente al frente de las tropas francesas en España, sumando numerosos efectivos a los ya acantonados en la Península; lo que provoca que el ejército que Sir Arthur Wellesley había reunido en Cork, desista de la invasión del Río de la Plata y desembarque en Portugal.