Guerra del Brasil

 

“Cuando la República se ve amenazada de riesgos inminentes, y cuando su enemiga el Emperador del Brasil reúne todos sus recursos p.ª completar su humillación, o hacerle perder su existencia, ella demanda los auxilios de aquellos que con su espada, sus talentos y patriotismo, conquistaron la Independencia y fundaron la gloria de su patria.”
Francisco de la Cruz a Viamonte, 18 de diciembre de 1826.




Las victorias del Rincón de Haedo y de Sarandí hicieron replegarse a las tropas del imperio del Brasil. Al invadir éste nuevamente la Banda Oriental, los orientales pidieron ayuda a Buenos Aires reincorporando el territorio a las Provincias Unidas. El Brasil declaró la guerra en diciembre de 1825.

Por decreto de Rivadavia, de 18 de diciembre de 1826, se decretó la formación de un consejo militar “compuesto de cinco oficiales generales” con la misión de definir “todos los planes y medidas conducentes a la dirección de la guerra en todo el territorio de la República; el plan de defensa de la capital; y dará todos los informes y datos que se le pida pudiendo ser destinados sus miembros a la ejecución de las medidas que se adopten.”

Francisco de la Cruz, ministro de Guerra, presidió este consejo, acompañado de los brigadieres José Rondeau y Juan Martín de Pueyrredón, y los coroneles mayores Marcos Balcarce, Juan José Viamonte y Matías de Irigoyen.

El 10 de enero de 1827, el consejo emite su informe donde sugiere que:

1. Se debe proceder a realizar levas para incrementar el ejército, pero subordinando ésta medida a los “…trabajos agrícolas propios de la estación, y por el tiempo que dure la inminencia del peligro…”, evitando de esta manera un retraso de la producción agrícola, principal fuente de riqueza del país.

2.  La creación de una reserva de efectivos veteranos para el ejército.

3.  La persecución de los desertores “…en todas direcciones… adoptar un tramite breve y sumario p.ª los juicios, no duda el Consejo que se verá disminuido el delito de deserción y los protectores de ella temerán dar abrigo á estos delincuentes.”

4. “Presancionar ála Campaña del desorden!”  mencionan al tratar la necesidad de prevenir la anarquía y la amenaza extranjera en aras de la seguridad nacional, predisponiendo “…la campaña de un modo militar para resistir todo tentativa…”

En palabras de Alonso Piñeiro: “El hecho de que Viamonte, con otros cuatro colegas, integrara un consejo que debía decidir en cuestiones fundamentales de defensa, habla por sí solo del prestigio que gozaba en el país.”

Batalla de Huaqui, del Desaguadero o de Yuraicoragua - 1811

 

El río Desaguadero, en su nacimiento en el lago Titicaca, representaba la frontera entre el virreinato del Perú y el del Río de la Plata. Su único paso era el puente del Inca, “un antiguo puente de mimbres, paja, totora y cuerdas, tendido y conservado por los indígenas desde los remotos tiempos del imperio incásico. Se atribuía su origen al remoto período del inca Capac Yupanqui y, dados los materiales de que estaba hecho, sus dimensiones, su firmeza y su solidez era una obra pública verdaderamente asombrosa.” (Vicente Fidel López, Historia de la República Argentina.)

General Goyeneche, conde de GuaquiLas tropas realistas, al mando del general Goyeneche habían ocupado ambas márgenes del Desaguadero, tomando posiciones en los altos de Vila-Vila y los cerros del Asafranal.
El 16 de mayo de 1811 comienza un armisticio por 40 días acordado entre el general Goyeneche y Castelli en el cual se acuerda con el general realista que este conservará en Vila-Vila y el Asafranal “sus posiciones sobre las cúspides y alturas de dicha serranía”. Este hecho no deja de ser sorprendente y denuncia la ineptitud de Castelli. Durante el curso del armisticio, el virrey Abascal enviaba a Goyeneche tropa, oficiales, armas y municiones.

El 15 de noviembre de 1810, Viamonte es designado por la Junta de Buenos Aires “segundo Gefe de la Expedición destinada al auxilio de las Provincias interiores”, el Ejército del Norte vencedor en la batalla de Suipacha, al mando del general Antonio González Balcarce y del Dr. Juan José Castelli. llegando a su destino el 2 de enero de 1811 y tomando la jefatura del ejército ya que Balcarce y Castelli se encontraban ausentes en la ciudad de La Plata – actual Sucre.
Dice Castelli que “De resultas del ataque intentado por una gruesa división enemiga en la noche del día 6 del corriente a una avanzada de nuestro campo en Huaqui, que se repitieron por otras dos veces, acercándose únicamente, fue preciso reforzar el punto de Yuraicoragua aproximándose sucesivamente dos divisiones del ejército a dicho punto, mandadas por los jefes Viamont y Díaz Vélez…
El 19 por la mañana Viamonte inspeccionó las inmediaciones y a su regreso explicó “el orden de formación que se había de guardar en caso de una alarma repentina”.

Dr. CastelliDías antes de finalizar el armisticio Goyeneche ataca sorpresivamente. Según Castelli, “…los enemigos se dejaron ver bien temprano en la mañana del día 20, con dirección a la Quebrada de Yuraicoragua, que comunica al campo de Jesús de Machaca y Río del Desaguadero, con el de Huaqui y Laguna. Entre 7 y 8, llegó a nuestro cuartel general el parte verbal del coronel Viamont; con aviso de que se le atacaba con cuatro numerosas columnas, de las cuales una venía por las alturas del Asafranal…”. Viamonte corrobora que “En la mañana del 20 pasado fui atacado por tres columnas enemigas que ocupaban la derecha, izquierda y centro de la Sierra de Bila-Bila de que estaban apoderados anteriormente…
Mientras Goyeneche ataca a las tropas de Balcarce - que “se colocó ventajosamente con artillería a su cabeza, en el pie y falda del morro, sin riesgo de que se le tomase la retaguardia así porque apoyaba su costado derecho sobre la rivera de la laguna como porque se la cubría el cuerpo de reserva que venía marchando, entre la Laguna y cerros de Huaqui” - ,el general Ramírez se hecha sobre las de Viamonte, apostadas en la quebrada de Yuraicoragua. Balcarce ordenó a la tercera división, compuesta por el regimiento de patricios de La Paz y los fusileros de Cochabamba, que fuera a socorrerlo, pero el auxilio no llegó porque “Ya observábamos que los paceños estaban temblando y sin hacer fuego, ni ver caer alguno de la línea se salían de ella siendo los primeros sus oficiales. Más remisos y cobardes se mostraron cuando se trabó el fuego de fusil: sin que bastase el esfuerzo con que les alentaba, procurándoles sacar detrás de las peñas, haciéndoles ver la próxima derrota del enemigo.”

Plano de la Batalla de HuaquiAl tiempo, las fuerzas de Viamonte resistían heroicamente el ataque de las tropas realistas; el capitán Miguel Aráoz operaba en las alturas del Asafranal y Diaz Vélez lo hacía con su división en el llano de Machaca, “siguiéndolo yo (Viamonte) con el primer Batallón de mi regimiento, y dejando al segundo a la orden del Sargento Mayor D. Matías Balbastro, a la boca de la quebrada para impedir pudiese ser flanqueada mi batalla, pues al regresar mi dicho ayudante Saravia me dijo venía por ella una columna como de dos mil hombres…
La columna derecha enemiga muy superior a mi batalla hallándose en tiro sufrió los fuegos de artillería bien dirigidos por el tercer jefe y el comandante de ella D. Felipe Pereyra Lucena que avanzaron intrépidamente con los dos obuses y algunos cañones bien sostenidos, aquellos fuegos treparon y ganaron la quebrada contigua a la de la situación de mi campamento donde se desempeñó la más bizarra acción que se sostuvo aumentando en cuanto me fue posible la fuerza de las alturas, de que resultó un combate obstinado de más de cinco horas.”
La resistencia tenaz ofrecida por Viamonte hizo peligrar la columna de Ramírez, que pidió auxilio a Goyeneche. Este, al no haber encontrado resistencia en las fuerzas comandadas por Balcarce, acudió pronto en refuerzo de Ramírez, debiendo Viamonte retroceder.
General Díaz VélezEl señor Díaz Vélez sale sin tropa alguna corriendo a caballo por el frente y pasa a la retaguardia por la izquierda de la línea de batalla…”. “A más de media tarde vino el Señor Ribero con la división de Caballería de Cochabamba, que había estado divertida con el ruido de nuestros fuegos. Toda la mañana a su vista, los enemigos que estaban reunidos en la boca de la quebrada mucho tiempo antes ganaron el Cerro al que también subió el Señor Ribero pero la noche impidió toda operación. Cerrada esta, nos retiramos a Jesús de Machaca, sabida la suerte desgraciada de Guaqui… La pérdida de la acción la juzgué de 50 hombres.” -diría posteriormente Viamonte-.
Como dice acertadamente Piñeiro “… le cupo a Viamonte, con su acertada dirección de las operaciones, el mérito glorioso de evitar el diezmo inútil de las tropas. Sin superioridad numérica, sin el auxilio apetecido de los paceños –perdido por la inmensa inexperiencia selectiva de Castelli al organizar esa fuerza-, sin el consuelo y el aliento que hubiera significado la victoria de las divisiones de Balcarce, Viamonte logró agrupar a sus soldados y replegarse con tino, quedando esta acción como la única inteligente de la desgraciada campaña.
¿Acaso Goyeneche intuyó el peligro de perseguir las fuerzas de Viamonte?. Podemos señalar esta posibilidad como la única explicación lógica al súbito retroceso del militar realista, que volvió al Desaguadero.

Brigadier Gral. Antonio González BalcarceEntretanto Balcarce y Castelli, con su tropa dispersa, se retiraban primero a Tiahuanaco y de allí a Laja, en donde pasaron la noche, ¡a 57 km. en línea recta del teatro de operaciones!.
Como dice Ignacio Núñez en “Noticias históricas”, “…sólo el mayor general Viamonte amaneció en el campo en el que había anochecido el ejército y pudo retirarse libremente a La Paz, reunido y a la vista de los enemigos…
Al día siguiente Viamonte emprende la búsqueda infructuosa de las fuerzas de Balcarce para reorganizar el ejército: “El 21 me puse en marcha retrograda hasta Calamarca, donde llegué la madrugada del 24 por no haberme sido posible mantenerme en Viacha como pensé por no haberme sido posible hacer reunión alguna. Como hasta esta fecha aún no había sabido el destino de V.S. (Balcarce) ni del Excmo. Sr. Representante (Castelli) determiné dar parte el superior Gobierno de lo sucedido, y lo hice con extraordinario que condujo el capitán de mi regimiento D. Pedro Pablo Gorostigua…
En Viacha se encuentra con D. Domingo Tristán, presidente de la Junta de Gobierno de La Paz (pese a ser primo de Goyeneche), quien le ofrece auxilios, mientras Díaz Vélez, desobedeciendo las órdenes de Viamonte, marchó a Oruro con la esperanza de encontrar allí a Balcarce. El mismo día 24 tiene conocimiento de que la ciudad de La Paz estaba insurrecta y que los indios “habían muerto al colega marqués de San Felipe, y a un europeo, y aprisionado a los demás de esta nación…”, llegando a la ciudad sublevada el día 25 e imponiendo el orden, de acuerdo con el presidente de la Junta de esa ciudad D. Domingo Tristán, y permaneciendo en ella hasta el día 29, “en que sabiendo la aproximación de los enemigos, e intimación a la ciudad, determiné salir con las tropas que tenía, pues sin energía alguna aquella multitud de habitantes solo trataban de abandonar la ciudad cuya conservación no tenía fuerzas con qué mantener.”
El 4 de julio llega a Oruro, donde encuentra a Balcarce.

Teatro de operaciones de la Batalla de HuaquiViamonte “esperaba partir para Jujuy, hacia dónde se efectuaba la retirada del ejército, conforme a las órdenes impartidas por Balcarce. Allí iniciaría la reorganización de su regimiento, para el que solicitaba a la Junta el envío de “oficiales de vergüenza que no acaben de arruinar la Patria, pues yo no serviré con ninguno de los que han cometido ya defectos de cobardía o ya el delito de deserción”. Tras este mensaje pone su cargo de segundo jefe del ejército a disposición de la Junta en “otra dignísima actitud del noble militar porteño, que no admite la ineptitud o la cobardía.”( Armando Alonso Piñeiro, “Historia del General Viamonte y su época”.)
A raíz de los acontecimientos, Saavedra resuelve partir al Alto Perú a inspeccionar las tropas y el 10 de septiembre el gobierno nombra a Viamonte jefe del ejército.
Los eventos se sucedieron con rapidez. Los enemigos de Saavedra, aprovechando su ausencia, le aplicaron un golpe terrible: lo separaron del cargo de presidente de la Junta y le ordenaron transmitir el mando de los soldados del Desaguadero a Pueyrredón, recientemente nombrado.
Al llegar a Jujuy, Pueyrredón tomó el mando del ejército que Viamonte acababa de reorganizar con esfuerzo. Se ha omitido este hecho, creando acciones en Pueyrredón y comparándolas con la retirada de los diez mil, y silenciando una verdad tan incontrastable como ésta: las tropas fueron traídas por Viamonte, desde el Alto Perú, en fatigosa marcha de un mes, alcanzando su meta en perfecto orden y excelentes condiciones de instrucción. Esas mismas tropas, cuidadosamente adiestradas por Viamonte, fueron las que triunfaron con gloria en Salta y Tucumán. Pueyrredón, en efecto, no había hecho más que tomar el mando.” –dice Alonso Piñeiro-.

2ª Invasión inglesa

 

Viamonte “…tuvo, sin disputa, la principal parte en la victoria del 5 de julio…”
(Liniers a Fernando VII, 1º de julio de 1809.)



Regimiento de infantería de PatriciosLuego de su actuación en el Buceo, Viamonte regresa a Buenos Aires para participar en su defensa, siéndole conferida la sargentía mayor del Regimiento de Patricios, por pedido de los jefes y oficiales de dicho cuerpo.
El Regimiento de Patricios era un cuerpo de voluntarios, compuesto por tres batallones y 1200 hombres. Viamonte dirá en su carta al rey “Es difícil compendiar lo asiduo e ímprobo de mis trabajos en el nuevo encargo, pero si es sabido cuántas dificultades presenta la organización de una tropa colecticia, unida tan solo de principios de patriotismo, destituida de un código que fije su régimen; en una palabra lo escabroso que es llevar a su perfección un cuerpo de esta clase, bastará decir que el Regimiento Patrio es desde aquella época un modelo de subordinación y pericia, para formar una idea de mis afanes, pero no es ésta la satisfacción única que ellos me han dejado”.

Sir John WhitelockeEl Tte. General Sir John Whitelocke, que había sido nombrado comandante en jefe de todas las fuerzas británicas en el teatro de operaciones del Río de la Plata, había llegado a Montevideo el 10 de mayo con una expedición de refuerzo de 1630 hombres; allí había unido sus fuerzas a las tropas del general Sir Samuel Auchmuty y a las del general Craufurd, con el objeto de atacar Buenos Aires y someter el virrreinato “a la autoridad de Su Majestad”.

El 28 de junio las fuerzas invasoras desembarcaron con un contingente de aproximadamente 8000 hombres y 18 cañones en la Ensenada de Barragán, marchando en su avance hacia la capital.
Liniers salió tres días después a su encuentro en los Corrales de Miserere, fracasando en su intento de detener a las fuerzas invasoras fuera de la ciudad. No quedó más recurso que fortificar y preparar la capital para su defensa.

Las cuatro primeras noches de julio la ciudad fue iluminada por orden de Liniers; dice Vicente Fidel López -en su “Refutación a las comprobaciones históricas sobre la Historia de Belgrano”- que “…El punto en que el jefe inglés veía extinguirse las lámparas nocturnas estaba defendido por los patricios. No eran seguramente los peones del Cabildo los que habían alimentado durante cuatro noches aquellas luces. Era la previsión del valiente y experto Mayor don Juan José Viamonte y de sus soldados, que, como ya se ha visto, no necesitaron para nada de don Martín de Alzaga ni de sus empleados para hacer inexpugnable el Colegio de San Carlos, en cuyos muros la juventud de los últimos años del otro siglo supo ilustrarse y batirse con honor”.

Sir Dennis PackEn la jornada del día 5, distribuidos en los lugares estratégicos de la ciudad, todos los puntos defendidos por los patricios se sostuvieron con valor, cubriéndose estos de gloria.
Viamonte, custodiaba con 200 patricios el Colegio Real de San Carlos, porque creía en que su defensa era indispensable ya que desde sus altos se dominaban todos los puntos y azoteas circundantes.
Una columna inglesa al mando del coronel Sir Dennis Pack, avanzando por la calle del Correo atacó el enclave defendido por Viamonte “con un cañón de a cuatro”, pagando muy cara su osadía, ya que según cita Saavedra en sus memorias la calle quedó “empedrada de cadáveres ingleses”, quedando en poder de los patricios el cañón y 150 prisioneros.
El propio Pack resultó herido en la acción y se replegó al convento de Santo Domingo que había sido ocupado por el general Craufurd.
A las once de la mañana Viamonte rendía a la fuerza inglesa que comandada por el Tte. Coronel Cadogan se había apoderado de la casa de la “Virreina” (Viuda de Pino), ubicada en el cruce de las calles Santo Domingo (hoy Belgrano) y del Correo (hoy Perú).
Saavedra se expresa en sus memorias en los siguientes términos: “El 5 de julio emprendió Whitelocke el ataque general de la plaza, por distintos y diversos puntos. En todos ellos fueron rechazados y derrotados por nuestros soldados voluntarios.
Mi cuartel que era el Colegio de San Carlos, estaba guarnecido por cuatrocientos hombres de mi mismo cuerpo. Las acertadas medidas que tomó para su defensa el valiente y experimentado oficial don Juan José Viamonte, que era sargento mayor de él, influyeron indudablemente a su defensa. La columna inglesa al mando del coronel Pack que vino a atacarlo, con un cañón de a 4, fue enteramente destrozada, quedando la calle, que hoy se dice de la Imprenta, empedrada de cadáveres de ingleses. Herido el coronel Pack, con los que pudo reunir, se incorporó al general Craufurd, que había posesionándose del convento de Santo Domingo, desde cuyas alturas hicieron considerable estrago al cuerpo de Montañeses, que guarnecía aquel costado. Otro grupo de la misma se apoderó de la casa que fue del finado don Pedro Medrano, y desde sus azoteas hacía fuego a la guarnición de mi cuartel. Al fin fue también rendida aquella gente con su jefe el coronel Enrique Cadogan; más de 200 hombres rindieron las armas, que fueron transportadas a mi cuartel, quedando muertos en las azoteas de aquella casa, treinta y cinco. Fue horroroso el 5 de julio para Whitelocke.”

Liniers en su nota dirigida al gobierno español con fecha 1º de julio de 1809 afirma que: “fue tan activa su influencia que no dudo en asegurar como otras veces lo he hecho ya a Su Majestad, que a ello se debió en mucha parte el buen éxito de nuestra gloriosa reconquista”. “El Real Colegio que fue de San Carlos, que servía y sirve de cuartel a dicha Legión, fue vivamente atacado en dicho día y por las sabias y acertadas disposiciones de este Sargento Mayor, guarnecido y puesto en estado tal de defensa que aunque el resto de la Plaza se hubiese perdido, aquel punto se hubiere defendido.”

Sitio de Montevideo

 

Nuevamente los invasores ingleses atacaron el Virreinato del Río de la Plata, desembarcando las tropas inglesas bajo el mando de Sir Samuel Auchmuty, esta vez en El Buceo -distante a unas tres leguas de Montevideo- el 16 de enero de 1807.
Sir Samuel AuchmutyEl 19 de enero, Viamonte, al frente de un tren de artillería volante, actuó con éxito notorio, sosteniendo la defensa y repeliendo con nutrido fuego al enemigo, salvando “la artillería, municiones, armas y demás efectos del Rey”. Las cuatro piezas del tren de artillería fueron trasladadas hasta Santa Lucía para su resguardo. Su pericia logró salvar la división de una derrota segura.

Asegura Liniers que la actividad de Viamonte en El Buceo fue sobresaliente, “dificultando el desembarco del enemigo al mando de una división de tren volante, única que operó con su pesado fuego contra los ingleses, según expresa el mismo general Sir Samuel Hacmuthy en el parte que dio a su Corte”.

Dice Viamonte en su carta al rey: “Yo pasé a la Banda Oriental de este Río y Vuestro Virrey Marqués de Sobre Monte tuvo a bien confiarme una división de tren volante destinada a recibir el primer ímpetu de los enemigos: llegó con efecto el caso de operar con él el día 19 de enero del presente año en que los enemigos se pusieron la vez primera en disposición de recibir nuestros fuegos; desgraciado fue el suceso de esta acción, pero aún en medio del último conflicto traté de señalar mi honor y distinguir la bizarría de mi empeño. La división fue abandonada: ni un solo fusil podía sostenerme; sin embargo mis fuegos fueron incesantes hasta conseguir poner fuera de riesgo la artillería de mi mando, y tomar una posesión combinada con la que en aquella circunstancia ocupaba nuestro ejército casi derrotado. Desde este momento, haciendo alarde de la subordinación me mantuve a las órdenes del Jefe quién después de otras disposiciones me previno marchase a Santa Lucía procurando salvar como en efecto, las cuatro piezas de tren de mi división”.

1ª Invasión inglesa

 

Al temerse la primera invasión, Viamonte junto con el ejército de línea de Buenos Aires fue trasladado a Montevideo, ya que se preveía que los ingleses atacarían primero esta ciudad. Sin embargo, las tropas invasoras atacaron y rindieron la capital del virreinato sin ocupar previamente la plaza de Montevideo.

Santiago Liniers y BremondEl 27 de junio de ese año D. Pascual Ruiz Huidobro, gobernador de Montevideo, accediendo a las instancias de Liniers y a la necesidad de reconquistar la ciudad de Buenos Aires, equipó parte de la guarnición para que acudiera en socorro de la ciudad porteña, embarcándose este contingente en el puerto de Colonia y desembarcando en Las Conchas el 4 de agosto. Al frente de estos refuerzos estaba el general Liniers, quien eligió como primer ayudante al entonces teniente Viamonte.
Viamonte intervino en todas las acciones militares de la campaña de reconquista de Buenos Aires, destacándose en la toma del parque del Retiro, y de la plaza y su fortaleza, que se produjeron los días 10 y 12 de agosto, respectivamente.

El 6 de noviembre de 1806, dice Liniers en su nota al virrey marqués de Sobremonte, que Viamonte se había desempeñado “en todo con el valor, actividad y honor de un distinguido oficial”, ”…es digno de la mayor atención, y que de su espíritu y conocimientos se puede esperar el desempeño de cualesquiera asunto de importancia”.
El día 12 de noviembre de ese mismo año, Liniers le entregó una de las medallas conmemorativas que se le hicieran llegar a éste para que se las entregara a quienes más se habían distinguido en la contienda.