Batalla de Huaqui, del Desaguadero o de Yuraicoragua - 1811

 

El río Desaguadero, en su nacimiento en el lago Titicaca, representaba la frontera entre el virreinato del Perú y el del Río de la Plata. Su único paso era el puente del Inca, “un antiguo puente de mimbres, paja, totora y cuerdas, tendido y conservado por los indígenas desde los remotos tiempos del imperio incásico. Se atribuía su origen al remoto período del inca Capac Yupanqui y, dados los materiales de que estaba hecho, sus dimensiones, su firmeza y su solidez era una obra pública verdaderamente asombrosa.” (Vicente Fidel López, Historia de la República Argentina.)

General Goyeneche, conde de GuaquiLas tropas realistas, al mando del general Goyeneche habían ocupado ambas márgenes del Desaguadero, tomando posiciones en los altos de Vila-Vila y los cerros del Asafranal.
El 16 de mayo de 1811 comienza un armisticio por 40 días acordado entre el general Goyeneche y Castelli en el cual se acuerda con el general realista que este conservará en Vila-Vila y el Asafranal “sus posiciones sobre las cúspides y alturas de dicha serranía”. Este hecho no deja de ser sorprendente y denuncia la ineptitud de Castelli. Durante el curso del armisticio, el virrey Abascal enviaba a Goyeneche tropa, oficiales, armas y municiones.

El 15 de noviembre de 1810, Viamonte es designado por la Junta de Buenos Aires “segundo Gefe de la Expedición destinada al auxilio de las Provincias interiores”, el Ejército del Norte vencedor en la batalla de Suipacha, al mando del general Antonio González Balcarce y del Dr. Juan José Castelli. llegando a su destino el 2 de enero de 1811 y tomando la jefatura del ejército ya que Balcarce y Castelli se encontraban ausentes en la ciudad de La Plata – actual Sucre.
Dice Castelli que “De resultas del ataque intentado por una gruesa división enemiga en la noche del día 6 del corriente a una avanzada de nuestro campo en Huaqui, que se repitieron por otras dos veces, acercándose únicamente, fue preciso reforzar el punto de Yuraicoragua aproximándose sucesivamente dos divisiones del ejército a dicho punto, mandadas por los jefes Viamont y Díaz Vélez…
El 19 por la mañana Viamonte inspeccionó las inmediaciones y a su regreso explicó “el orden de formación que se había de guardar en caso de una alarma repentina”.

Dr. CastelliDías antes de finalizar el armisticio Goyeneche ataca sorpresivamente. Según Castelli, “…los enemigos se dejaron ver bien temprano en la mañana del día 20, con dirección a la Quebrada de Yuraicoragua, que comunica al campo de Jesús de Machaca y Río del Desaguadero, con el de Huaqui y Laguna. Entre 7 y 8, llegó a nuestro cuartel general el parte verbal del coronel Viamont; con aviso de que se le atacaba con cuatro numerosas columnas, de las cuales una venía por las alturas del Asafranal…”. Viamonte corrobora que “En la mañana del 20 pasado fui atacado por tres columnas enemigas que ocupaban la derecha, izquierda y centro de la Sierra de Bila-Bila de que estaban apoderados anteriormente…
Mientras Goyeneche ataca a las tropas de Balcarce - que “se colocó ventajosamente con artillería a su cabeza, en el pie y falda del morro, sin riesgo de que se le tomase la retaguardia así porque apoyaba su costado derecho sobre la rivera de la laguna como porque se la cubría el cuerpo de reserva que venía marchando, entre la Laguna y cerros de Huaqui” - ,el general Ramírez se hecha sobre las de Viamonte, apostadas en la quebrada de Yuraicoragua. Balcarce ordenó a la tercera división, compuesta por el regimiento de patricios de La Paz y los fusileros de Cochabamba, que fuera a socorrerlo, pero el auxilio no llegó porque “Ya observábamos que los paceños estaban temblando y sin hacer fuego, ni ver caer alguno de la línea se salían de ella siendo los primeros sus oficiales. Más remisos y cobardes se mostraron cuando se trabó el fuego de fusil: sin que bastase el esfuerzo con que les alentaba, procurándoles sacar detrás de las peñas, haciéndoles ver la próxima derrota del enemigo.”

Plano de la Batalla de HuaquiAl tiempo, las fuerzas de Viamonte resistían heroicamente el ataque de las tropas realistas; el capitán Miguel Aráoz operaba en las alturas del Asafranal y Diaz Vélez lo hacía con su división en el llano de Machaca, “siguiéndolo yo (Viamonte) con el primer Batallón de mi regimiento, y dejando al segundo a la orden del Sargento Mayor D. Matías Balbastro, a la boca de la quebrada para impedir pudiese ser flanqueada mi batalla, pues al regresar mi dicho ayudante Saravia me dijo venía por ella una columna como de dos mil hombres…
La columna derecha enemiga muy superior a mi batalla hallándose en tiro sufrió los fuegos de artillería bien dirigidos por el tercer jefe y el comandante de ella D. Felipe Pereyra Lucena que avanzaron intrépidamente con los dos obuses y algunos cañones bien sostenidos, aquellos fuegos treparon y ganaron la quebrada contigua a la de la situación de mi campamento donde se desempeñó la más bizarra acción que se sostuvo aumentando en cuanto me fue posible la fuerza de las alturas, de que resultó un combate obstinado de más de cinco horas.”
La resistencia tenaz ofrecida por Viamonte hizo peligrar la columna de Ramírez, que pidió auxilio a Goyeneche. Este, al no haber encontrado resistencia en las fuerzas comandadas por Balcarce, acudió pronto en refuerzo de Ramírez, debiendo Viamonte retroceder.
General Díaz VélezEl señor Díaz Vélez sale sin tropa alguna corriendo a caballo por el frente y pasa a la retaguardia por la izquierda de la línea de batalla…”. “A más de media tarde vino el Señor Ribero con la división de Caballería de Cochabamba, que había estado divertida con el ruido de nuestros fuegos. Toda la mañana a su vista, los enemigos que estaban reunidos en la boca de la quebrada mucho tiempo antes ganaron el Cerro al que también subió el Señor Ribero pero la noche impidió toda operación. Cerrada esta, nos retiramos a Jesús de Machaca, sabida la suerte desgraciada de Guaqui… La pérdida de la acción la juzgué de 50 hombres.” -diría posteriormente Viamonte-.
Como dice acertadamente Piñeiro “… le cupo a Viamonte, con su acertada dirección de las operaciones, el mérito glorioso de evitar el diezmo inútil de las tropas. Sin superioridad numérica, sin el auxilio apetecido de los paceños –perdido por la inmensa inexperiencia selectiva de Castelli al organizar esa fuerza-, sin el consuelo y el aliento que hubiera significado la victoria de las divisiones de Balcarce, Viamonte logró agrupar a sus soldados y replegarse con tino, quedando esta acción como la única inteligente de la desgraciada campaña.
¿Acaso Goyeneche intuyó el peligro de perseguir las fuerzas de Viamonte?. Podemos señalar esta posibilidad como la única explicación lógica al súbito retroceso del militar realista, que volvió al Desaguadero.

Brigadier Gral. Antonio González BalcarceEntretanto Balcarce y Castelli, con su tropa dispersa, se retiraban primero a Tiahuanaco y de allí a Laja, en donde pasaron la noche, ¡a 57 km. en línea recta del teatro de operaciones!.
Como dice Ignacio Núñez en “Noticias históricas”, “…sólo el mayor general Viamonte amaneció en el campo en el que había anochecido el ejército y pudo retirarse libremente a La Paz, reunido y a la vista de los enemigos…
Al día siguiente Viamonte emprende la búsqueda infructuosa de las fuerzas de Balcarce para reorganizar el ejército: “El 21 me puse en marcha retrograda hasta Calamarca, donde llegué la madrugada del 24 por no haberme sido posible mantenerme en Viacha como pensé por no haberme sido posible hacer reunión alguna. Como hasta esta fecha aún no había sabido el destino de V.S. (Balcarce) ni del Excmo. Sr. Representante (Castelli) determiné dar parte el superior Gobierno de lo sucedido, y lo hice con extraordinario que condujo el capitán de mi regimiento D. Pedro Pablo Gorostigua…
En Viacha se encuentra con D. Domingo Tristán, presidente de la Junta de Gobierno de La Paz (pese a ser primo de Goyeneche), quien le ofrece auxilios, mientras Díaz Vélez, desobedeciendo las órdenes de Viamonte, marchó a Oruro con la esperanza de encontrar allí a Balcarce. El mismo día 24 tiene conocimiento de que la ciudad de La Paz estaba insurrecta y que los indios “habían muerto al colega marqués de San Felipe, y a un europeo, y aprisionado a los demás de esta nación…”, llegando a la ciudad sublevada el día 25 e imponiendo el orden, de acuerdo con el presidente de la Junta de esa ciudad D. Domingo Tristán, y permaneciendo en ella hasta el día 29, “en que sabiendo la aproximación de los enemigos, e intimación a la ciudad, determiné salir con las tropas que tenía, pues sin energía alguna aquella multitud de habitantes solo trataban de abandonar la ciudad cuya conservación no tenía fuerzas con qué mantener.”
El 4 de julio llega a Oruro, donde encuentra a Balcarce.

Teatro de operaciones de la Batalla de HuaquiViamonte “esperaba partir para Jujuy, hacia dónde se efectuaba la retirada del ejército, conforme a las órdenes impartidas por Balcarce. Allí iniciaría la reorganización de su regimiento, para el que solicitaba a la Junta el envío de “oficiales de vergüenza que no acaben de arruinar la Patria, pues yo no serviré con ninguno de los que han cometido ya defectos de cobardía o ya el delito de deserción”. Tras este mensaje pone su cargo de segundo jefe del ejército a disposición de la Junta en “otra dignísima actitud del noble militar porteño, que no admite la ineptitud o la cobardía.”( Armando Alonso Piñeiro, “Historia del General Viamonte y su época”.)
A raíz de los acontecimientos, Saavedra resuelve partir al Alto Perú a inspeccionar las tropas y el 10 de septiembre el gobierno nombra a Viamonte jefe del ejército.
Los eventos se sucedieron con rapidez. Los enemigos de Saavedra, aprovechando su ausencia, le aplicaron un golpe terrible: lo separaron del cargo de presidente de la Junta y le ordenaron transmitir el mando de los soldados del Desaguadero a Pueyrredón, recientemente nombrado.
Al llegar a Jujuy, Pueyrredón tomó el mando del ejército que Viamonte acababa de reorganizar con esfuerzo. Se ha omitido este hecho, creando acciones en Pueyrredón y comparándolas con la retirada de los diez mil, y silenciando una verdad tan incontrastable como ésta: las tropas fueron traídas por Viamonte, desde el Alto Perú, en fatigosa marcha de un mes, alcanzando su meta en perfecto orden y excelentes condiciones de instrucción. Esas mismas tropas, cuidadosamente adiestradas por Viamonte, fueron las que triunfaron con gloria en Salta y Tucumán. Pueyrredón, en efecto, no había hecho más que tomar el mando.” –dice Alonso Piñeiro-.